25 de junio de 2011

Jóvenes filántropos, la nueva generación solidaria

Un especial dedicado a los Jóvenes en la Revista Carrusel ELTIEMPO.COM

Realizado por Flor Nadyne Millán, 23 de Junio del 2011

 Afecto, tiempo y capacidad para soñar son regalos de los adolescentes a los más necesitados.

No superan los 25 años y muchos ya son veteranos en el voluntariado social. No son niños genios, hijos de millonarios ni tampoco están hechos de un material diferente, solo tienen despierta su sensibilidad social, que los lleva a ponerse en los zapatos de quienes sufren, como lo hace Daniela Moreno, de 14 años, que se estremece por la alegría que despiertan sus abrazos en niños de 4 a 7 años y sin padres para abrazar. Ella hace parte de ese batallón de adolescentes que está causando alto impacto social con sus acciones solidarias.

Sí, porque esta forma de ayudar sin remuneración salarial genera tal cambio "que influye hasta en el Producto interno bruto de un país", sostiene la socióloga Mónica Mendoza, del Instituto rosarista de acción social (Seres), quien con un equipo interdisciplinario intentó medir su incidencia en la economía nacional. "Pero aquí no existe un número ni siquiera aproximado de los voluntarios jóvenes o adultos, porque escasea la información, aunque hallaron que una de las interpretaciones es que al ser una actividad no paga, el PIB aumenta porque, de cierto modo, representa un ahorro para el Estado", dice. Lo cierto es que encontraron que en "Bogotá, Medellín y Cali se concentra la acción voluntaria".

Esta sangre nueva de líderes sociales genera pequeñas revoluciones y cambios positivos, como lo hizo Carlos Santiago, que recuerda con satisfacción cómo con apenas 21 años fue uno de los gestores en Facebook de la marcha mundial contra el secuestro del 4 de febrero. Su actitud proactiva volcó a las calles a 13 millones de personas en 200 ciudades alrededor del mundo.

"Esa sensibilidad social nace con todos, pero en algunos es necesario reactivarla", repara Daniel Buriticá, ingeniero industrial, que a sus 25 años es un veterano en estas lides. Cuando tenía 19 fundó la Red colombiana de jóvenes (Recojo), que hoy preside y agrupa a organizaciones de emprendimiento social.

Volver a soñar 


Encuentros como One Young World, en Londres, el año pasado, son una plataforma ideal para difundir el trabajo de los adolescentes colombianos. Buriticá fue uno de los líderes mundiales menores de 25 años invitados a contar sus experiencias de trabajo social frente a jóvenes de 192 países. "Afuera nos reconocen por eso. Lo increíble es que no nos la creemos ni somos conscientes de que fueron jóvenes quienes cambiaron la Constitución en el 91, con el movimiento de la Séptima papeleta", explica.

Esa fiebre de voluntariado se contagia en casa. "Estudios en Irlanda han confirmado que si los padres han sido voluntarios, la probabilidad de que sus hijos lo repliquen, se incrementa", afirma Buriticá. Y es cierto. Luis Fernando Alarcón, un fisioterapeuta y epidemiólogo ambiental boyacense de 23 años, es activista social inspirado en su mamá, una líder comunitaria. Él coordina la Unión internacional de jóvenes por Colombia (Uijc) que por Internet divulga el trabajo de otros líderes en lo social, medioambiental y político.

 Alejandra Ortiz, de 17 años, inspirada por su hermana mayor, rescata perros y gatos de la calle en Tuna alta, zona montañosa de Suba. Con una pareja de estudiantes de derecho lidera a través de Facebook una campaña para costear el tratamiento de Rufo, un chow chow que sufre de cáncer en la boca. Su cruzada ha sensibilizado a personas en Alemania y Estados Unidos, que han hecho contribuciones.

El servicio social obligatorio en la secundaria permite también medir la fibra social. "Y salir de la burbuja en la que vivimos", asegura Daniela Moreno, que cursa séptimo grado en el Montessori en Bogotá. A ella le gustó tanto la experiencia de enseñar inglés a niños víctimas de maltrato, protegidos en el hogar San Mauricio, que pensó en "perder un logro con tal de repetirla". Pero optó por no alejarse de ellos e invitar también a sus padres y tíos a que los visiten.

Otros son voluntarios no para cumplir un requisito escolar. Elkin Mora dona su tiempo y afecto a la fundación sin ánimo de lucro Best Buddies Colombia, "que cambia en la gente su percepción de la discapacidad cognitiva", dice. Como él han pasado dos mil voluntarios interesados en cultivar amistades con personas especiales como Emid, el amigo de alma de Elkin, y quien le ha enseñado a "no creer en imposibles".

Los hay, también, que devuelven atenciones a quienes les sirven. Estudiantes de primaria y bachillerato del Gimnasio los Andes buscan reunir 30 millones de pesos, que servirán de cuota inicial para la vivienda social de dos trabajadores de servicios generales de la institución.

"Recogemos 2.500 pesos en el jean day, una vez al mes durante el año. No es obligatorio, quien no pueda ayudar, ese día va en uniforme", cuenta Luis Pineda, el personero de 16 años.

Para Laura Páez, estudiante de ingeniería electrónica, ayudar es un deber moral de la juventud "y más si tiene acceso a la educación, que en Colombia es un privilegio", dice. Compartir conocimiento es su forma de voluntariado predilecta, ella, gomosa empedernida de la robótica, enseñará su experiencia en diseño de robots detectores de minas antipersona, proyecto que adelanta con la Javeriana y que expondrá en el Campus Party en Corferias, "uno de los pocos espacios que hay para que jóvenes colombianos se encuentren con gente de otros países", apunta.

Bendita inspiración

Los mentores son fundamentales para que el voluntario no pierda pasión y compromiso. En el caso de Buriticá y otro puñado de jóvenes, la experiencia inyectada por Pedro Medina, empresario social reconocido por su liderazgo en la fundación Yo creo en Colombia fue determinante. "Y su acierto para enseñar otra vez a soñar, una capacidad inherente a la raza humana, pero que escasea hasta en los niños", dice Lina Núñez, emprendedora social.

Lo bueno es que las recompensas por ayudar llegan cuando menos se esperan. Elkin y Emid participarán en la conferencia internacional de Best Buddies en Indiana (Estados Unidos), donde líderes de 53 países compartirán experiencias de inclusión social. "Es el reconocimiento del trabajo de voluntarios de colegios distritales con altos niveles de responsabilidad, sensibilidad y liderazgo", explica Edwin Benavides, coordinador del programa.

Otras veces puede quedar cierto sinsabor con esta labor, porque así el voluntario sea un agente social de cambio, una golondrina no hace verano. Laura participó en el programa Maestro por un día, de la Fundación telefónica Colombia, "y a través de fichas de lego y hasta cepillos de dientes les enseñaba a profesores cómo cautivar a sus alumnos para contrarrestar la deserción escolar".

Pero no todo depende de maestros y voluntarios. Esta tarea puede resultar desalentadora, más si se tiene en cuenta que en Colombia, según el Dane, más de un millón de menores entre 5 y 17 años trabajan en labores peligrosas (agricultura, construcción, manufactura y ventas ambulantes) y otro millón, en oficios del hogar.

A pesar de los desencantos propios de la actividad, esta encauza vidas. Juan Aristizábal recuerda cómo el asesinato de uno de sus compañeros de cruzada lo movió a dedicarse de lleno a esta labor. "En lugar de llenar mi corazón de odio o ponerme los audífonos de la indiferencia me impulsó a hacer parte de la solución", recuerda. Con 21 años fue elegido como el emprendedor social más joven en la historia de Ashoka, organización que distingue a líderes del planeta por sus proyectos de alto impacto social, y de la que hace parte el premio Nobel Muhammad Yunus.

Y ¿para qué sirve ese título? "Para que todos los colombianos me utilicen", lo dice en el mejor sentido de la palabra. Este pereirano, cofundador con Juan Manuel Restrepo de la incubadora de emprendimiento Buena nota, visibiliza a otros emprendedores, los asesora en gestión de negocios y pone en contacto con posibles inversionistas en el país y en el extranjero. Haidy Duque, desplazada de Montería hace 17 años por la violencia, es un ejemplo. Capacita mujeres que sufren violencia intrafamiliar en sectores populares, como Usme, en el sur de Bogotá, las enseña a adueñarse de su libertad. "Corona se alió con ella para que mujeres en esta condición compren materiales de construcción a bajo costo y puedan mejorar sus viviendas y vivir en condiciones dignas", dice. De beneficiar a 700 mil personas en la capital del país, su experiencia se ha extendido a siete ciudades.

Es cierto, a veces en la tarea de servir se puede perder la inspiración y "nos sentimos como pedaleando en una bicicleta estática, pero hay que seguir. ¿Cómo? No dejando de pedalear. En el camino aparece la solución", asegura Aristizábal.


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